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Residuos tecnológicos: un problema silencioso

Residuos tecnológicos: un problema silencioso
¿Cuál es el destino del producto tecnológico que desechas? Aquí te explicamos las consecuencias de una economía lineal en nuestro país y por qué es esencial que generemos un cambio hoy.
 
El avance de nuevas tecnologías va acelerando exponencialmente. Para que te des una idea, en el año 1984 Motorola realiza su primer lanzamiento comercial del teléfono móvil DynaTAC 8000X. Sólo desde los años ochenta hasta el 2005 las suscripciones de celulares en todo el mundo crecieron a más de siete mil millones, habiendo más teléfonos móviles que personas en el planeta. El panorama de mercado fue evolucionando en este tiempo: Durante los años 1990 y 2000, los principales fabricantes de celulares eran Nokia, Motorola, entre otros. Actualmente, las marcas de teléfonos móviles líderes en el mercado son: Apple, Samsung y Huawei. El marco competitivo de teléfonos móviles y de tecnología en general es bastante duro. Es necesario mantenerse fresco con nuevos modelos innovadores que logren generar impacto y superar a la competencia. Algo así como la carrera espacial entre los Estados Unidos y la Unión Soviética, esta viene siendo una verdadera carrera tecnológica entre los grandes titanes del mercado.
Por lo mismo, modelos tecnológicos anteriores pasan rápidamente de moda quedando obsoletos ante los consumidores, siempre hambrientos de nuevas configuraciones, aplicaciones, sistemas, diseños, etc.
Pero, ¿Hacia dónde van a parar esos modelos “obsoletos”?. Un estudio realizado por el Ministerio del Medio Ambiente en conjunto a la Fundación de Chile reveló que sólo un 3,4% de los residuos electrónicos y tecnológicos son reciclados. Según Pablo Badenier (ministro del Medio Ambiente), “hoy prima la cultura de lo desechable y muy rara vez estos aparatos se mandan a reparar (...) Los equipos se van renovando más rápidamente a medida que la tecnología cambia, lo que se traduce en una mayor generación de residuos electrónicos”. La forma de descartar el resto de residuos tecnológicos es mediante basurales de inmensurable extensión, rellenos sanitarios, microbasurales u otros espacios destinados a la disposición final de estos productos, lo que solo consigue ocultar bajo la alfombra medioambiental un problema mayor que no queremos enfrentar como sociedad.
El problema está en la insostenibilidad de la economía lineal: Modelo tradicional (y más obsoleto que los mismos productos en cuestión) en el cual se extraen materias primas del medio para la producción industrializada y posteriormente al terminar su ciclo de vida se desechan, sin medir las consecuencias medioambientales que esto genera. 
Por este motivo se crea lo que conocemos como “economía circular”, también llamado economía restringida o economía redonda. Su finalidad es extender la vida útil de los productos mediante el arriendo, reciclaje, renovación o la reparación de los mismos.
A diferencia del modelo económico lineal donde prima el aspecto económico por encima del social o medioambiental, la economía circular supone un bien común tanto para las empresas como para los consumidores. Las empresas que han puesto en práctica este sistema están comprobando que reutilizar los recursos resulta mucho más rentable que crearlos desde cero. Como consecuencia, los precios de producción y venta se reducen, beneficiando así al consumidor y a las empresas. Así, la economía circular aporta positivamente no sólo en el aspecto económico, sino también en lo social y medioambiental.
 
En el próximo post, abriremos la conversación con un ejemplo: Cómo Apple contribuye a la economía circular y lo acoge como parte de su misión de marca.

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